miércoles, 5 de mayo de 2010

Manual del bebedor - 23 Normas

El beber como acto civilizatorio y cultural está casi perdido. Durante muchos siglos, el beber fue acto cotidiano, prosaico: hasta el siglo XX, la humanidad bebía como medio de salud pública. Desde el Fausto de Goethe hasta las cantatas de Bach, pasando por la poesía de Schiller, cualquier contribución a la cultura occidental se hizo bajo el confuso diario y regular de alcohol. El alcohol como bactericida y desinfectante, como elemento cotidiano. Por el contrario, el siglo XXI es del alcohol bien como lujo, bien como droga escapista: desde la simbología del éxito al binge drinking botellonero de la juventud sin futuro. Entre medias, el alcohol como civilización: como ocio, como cultura, como filosofía de vida. Lo que nosotros reivindicamos. Formulemos diez normas, adelantemos diez principios:

1. El bebedor no es un bebedor social

El bebedor bebe solo. No siempre, pero siempre que es necesario. Beber es un acto individual: beber como afirmación de una historia, de una tradición, de una cultura. No necesita de tontos útiles para legitimar el acto: bebe solo, bebe a cualquier hora, bebe porque le otorga placer. El bebedor no es misántropo, es simple y llanamente heredero de herencia milenaria, que se manifiesta individualmente.

2. El bebedor es un alcohólico

No un enfermo, no un caso clínico: simple y llanamente un amante del alcohol. ¿Qué hay sin él? La desolación, el páramo, la tiranía. El bebedor lo sabe: sin alcohol, no hay libertad. Es un alcohólico: dependiente del alcohol para hacer realidad una porción leonina de su felicidad. So what?

3. El bebedor bebe (mucho)

Olvidad las historias sobre el beber calidad, no cantidad. El bebedor bebe mucho y bueno. Calidad, en cantidad. Si algo te gusta, lo quieres en abundancia. Olvidad leyendas de Hollywood: el bebedor acaba borracho. Simple y directo: borracho. No se excusa, no miente. “Perdóneme, he bebido demasiado”. Punto. El bebedor asume las consecuencias.

4. El bebedor bebe en el bar

No bebe delante de la tele, no bebe en un parque, no bebe en la calle: bebe en el bar. Con la chaqueta limpia, los puños crujientes y bien planchados, accede a la barra para beber. Es el bar: la relación mágica de tú a tú, barman y cliente, la madera, la copa, el cuero.

5. El bebedor no es un indeciso

Un bebedor genuino no te toca los cojones. La vida es compleja, pero las copas no. Un bebedor no necesita carta. La comanda la dispara a bocajarro. “Un manhattan, rye, bitter de naranja, twist“. Si otro pide, se une a la comanda: “Lo mismo“. ¿Tan difícil?

6. Beber no es un medio, es un fin

El bebedor disfruta, se recrea, comenta; el bebedor vibra con excitación adolescente ante el milagro del vino vino o su Scotch favorito. No se bebe cualquier cosa: bebe con premeditación y alevosía.

7. El bebedor respeta al barman

Puede ganar diez veces más que él, pero es su igual. O más aún: su inferior. El bar no es tu bufete, el bar no es tu banco: el bar es el bar. El bebedor calla y aprende del que manda.

8. El bebedor no da por culo

A veces, un gin-tonic de Larios es suficiente. A las putas no les interesa tu sofisticación.

9. Los amigos del bebedor beben

El bebedor es egoísta: amigos son los que dan placer. Nunca confíes en un abstemio: busca algo de ti más allá del momento.

10. El bebedor deja propina

Y seria. Barmen y taxistas son sus amigos. Si no tienes dinero para propinas, no salgas de casa.

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