viernes, 2 de abril de 2010

Al acostarte por la noche tu estatura es menor que al levantarte por la mañana


Todos hemos escuchado que “los niños crecen mientras duermen” y que “los niños crecen después de una enfermedad.” La realidad es que la gravedad que soportamos durante el día afecta a la distancia interdiscal en la columna vertebral y hace que todos perdamos estatura al final del día, entre 1 y 2′5 cm dependiendo de nuestra estatura, edad, peso, corpulencia, etc. (la media oficial es 1′9 cm de los que 1′5 cm son debidos a los discos intervertebrales). Esta altura la recuperamos cuando dormimos ya que el reposar la columna vertebral esta se recupera de la presión ejercida por la gravedad. Hay muchos estudios científicos que confirman este hecho, que como dice K. C. Cole en “El universo y la taza de té. Las matemáticas de la verdad y de la belleza,” Ediciones Grupo Zeta, 1999, “significa que tiene poco sentido medir la talla [de una persona] con una precisión de un milímetro,” a lo que yo añadiría, incluso de medio centímetro. “La gravedad nos rebaja a todos por igual. Tras todo un día de atracción hacia el centro de la Tierra, nos comprimimos como un acordeón (si no me cree, mídase primero al despertar y después al acostarse).” Michelle Lampl midió la altura de su hijo de 13 años durante 328 días, dos veces al día, media hora después de levantarse por la mañana y media hora antes de acostarse por la noche. El resultado fue que su hijo era 0′98 ± 0′2 cm más bajo por la noche. Lo publicó en Michelle Lampl, “Further observations on diurnal variation in standing height,” Annals of Human Biology 19: 87-90, February 1992. No sólo la estatura, el peso también muestra una variación diurna, por lo que en las dietas se recomienda medir el peso por la mañana justo después de levantarse de la cama.

Los interesados en más detalles pueden recurrir al artículo (de acceso gratuito y del que he extraído la figura que abre esta entrada) de M.A. Adams, P. Dolan, W.C. Hutton, R.W. Porter, “Diurnal changes in spinal mechanics and their clinical significance,” Journal of Bone and Joint Surgery 72-B: 266-270, 1990.



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